
"... él ya no te quiere. Nunca te quisó ni te querrá. Si fingió quererte fue por compasión. Pero ya no te quiere.Nunca..."
Portazo. Y lágrimas. Lágrimas como gotas de lluvia, grandes, llenas de dolor. Una profunda necesidad de gritar, de chillar, pero ningún sonido salió de la boca de Edith. Lloró en silencio, tapándose la boca con una mano temblorosa.
Cayó al suelo, arrastrándose por la pared, lentamente. Sus piernas ya no respondían. Y allí, en el suelo, Edith se hizó más pequeña, se pegó como pudo a la pared, intentando protegerse de los gritos que Jonah seguía lanzándole a través de la puerta. Puñales que se clavaban hondo, unos sobre otros.
Una mano sujetaba su boca, muda y desencajada por el dolor. La otra bajó al pecho, clavándose las uñas en la piel. Un intenso dolor, centrípeto, que la resquebrajaba por dentro. Su mano intentaba sujetar esos fragmentos, ya rotos, que parecían desvanecerse entre sus dedos. Igual que las lágrimas que caían desde la cara. Un gran vacío interior, que precisamente por ser vacío era tan doloroso.
Y al otro lado de la puerta, ya sólo había silencio.



