
Era una chica de muy extraña. Su forma de vestir era peculiar. No es que vistiese mal, sino... diferente. Hablaba a borbotones, muy rápido y te miraba a los ojos con avidez, como si intentase beber de ellos o descubrir tus más oscuros secretos.
Tenía, además, unas ideas muy particulares. Sobre la muerte, por ejemplo. Decía que podía sorprenderte en cualquier momento, y que por eso ella siempre estaba alerta, esperándola. Porque quería dedicarle su último pensamiento a él.