
– ¿Eva?¿Evaaa?– nada más entrar en casa, ví la bolsa de la compra sin colocar en la cocina. Había varias cosas que tenían que estar metidas en el congelador. Los helados se habían derretido.
Caminé por la casa con cuidado, hasta llegar a nuestro dormitorio. La terraza estaba abierta y Eva estaba fuera, apoyada en el balcón, fumando. No se había dado cuenta de que estaba detrás de ella.
– ¡Eva, joder, estaba todo fuera de la nevera y..!– Eva se giró. Tenía los ojos vidriosos y me miró fríamente.– ¿Qué te pasa?
– Estoy perdida, Lucas. No se qué me pasa, no se lo que quiero. Estoy cansada, vago sin rumbo, no conozco a nadie aquí. Me paso el día tirada en casa sin hacer nada. Adoro París y sin embargo no soy capaz de salir del rellano para descubrirlo. Yo... no se qué hacer. Me siento sola, abandonada,...
– Pero no estas sola, Eva. Yo estoy aquí, contigo.
– No – Eva me miró fijamente– Tu ya no estas aquí, Lucas. Te fuiste hace mucho.
La miré, y no fui capaz de decirle nada. Así que cogí un cigarro de la cajetilla y me puse a mirar la ciudad del amor con mi ex.
7 comentarios:
No, no!! una historia tan bonita no puede acabar en Paris :-(
Un besazo
pd. mi verano de momento de lujo, espero que el tuyo vaya igual (o mejor)!
Qué poco valiente que es Eva, ¿No?
miau
amarillo
pollito
Me ha encantado ;-)
Debe ser cierto eso de que siempre quedará París...
El verano, bueno, regular. Si no me quejo no irá mejor.
Aún así...
un bso!
Aún no lo sabe,
pero París siempre vuelve, chérie
y si parís lo arregla, para algo es la ciudad de l'amouuur no?
(: besito
:)
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