Erasmus


Viajar. Encontrar pueblos perdidos porque no tienes más GPS que tu propia intuición. Y alegrarte de encontrarlos. Llegar a playas mágicas, bañarte de noche. Dormir en un bosque, hacer una hoguera y contar cuentos de miedo como cuando tienes diez años. Porque en el fondo conservas esa misma ilusión, y esas mismas ganas de saberlo todo.
Querer. A esa persona que no sabes de qué te habla porque no la entiendes. O a la que sin decirte nada lo soluciona todo con una sonrisa, o un guiño. A un niño pequeño que te regala rosas, a una señora mayor que te cuenta su vida y milagros. A ese chico que te besó, y al que no lo hizo también, porque es un buen amigo. Todos serán buenos amigos, aunque te cueste hablar con ellos. Muchas amistades se contarán por experiencias vividas, no hace falta ser capaz de narrarlas todas.
Descubrir. Platos nuevos, bebidas nuevas, experiencias nuevas. Emocionarte con todo, sacar fotos a todo lo que encuentras. Calles pequeñas, boulevares, tiendas de segunda mano, o de tercera. Cafés chiquititos y comedores universitarios. Salir sin saber como acabará la noche, pero segura de que llevas la mejor compañía. Y acostarte esperando el mañana con ilusión, porque sabes que sin duda será aún mejor.
Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo,... no importa: ¡Eres ERASMUS! ;)

Mi año Erasmus ha acabado. Este finde vuelvo a mi casa. Pero si alguno de los que me leen esta a punto de embarcarse en esta maravillosa aventura, sólo un consejo: abre bien los ojos al principio, y no los cierres hasta el final.

*Foto: la lavandería, el centro social Erasmus que nunca recibe homenajes.

Peter


- No es suficiente para ti, Peter. Tu eres tan bueno, eres inteligente, divertido,... eres hasta guapo. Y ella... no es que sea fea, tiene unos ojos preciosos y todo eso pero... ¡soy tan diferentes! Siempre tiene cara de susto, le da miedo la gente.
- Le da miedo la gente porque gente como tú la trata así. Y si soy tan bueno, inteligente, tan divertido,... si soy hasta guapo es por ella. Porque me hace feliz y yo quiero hacerla feliz. Y en el amor, que yo sepa, con eso ya llega.

Hebdomadaire

el regalo de françois, la sirenita, copenhague, malmö
café en parís, macarons, la teuf, mi bicicleta

(clic en las imágenes para verlas en grande)

La Playa


Tenía frío. Allí, en medio de aquella playa inmensa, de arena blanca y suave. Las dunas se perdían en el horizonte, reflejando el calor y los rayos dorados de un gran Sol. El mar tocaba el cielo, y el agua era tan clara que no podías distinguirlos. Era como si el agua siguiera su camino hacia arriba, sin llegar a agotarse nunca, y pasase del color azul al violeta, tocando con la yema de los dedos toda la escala de tonalidades azules.
En aquella playa de ensueño, en aquel paraíso terrenal, Matilde estaba tiritando. No tiritaba porque tuviese frío. Tampoco temblaba de miedo. Se sentía vacía. Tiritaba porque en aquella inmensidad, en aquella enorme playa a la que se supone que había ido para calmarse, se sentía muy, muy sola, paralizada en la orilla.

Gula


Llevaba tres días comiendo. Tres días sin parar de comer, todo el tiempo entrando y saliendo de la cocina. Le valía todo: dulce o salado, cocinado o crudo, caliente y frío. También bebía un poco de vez en cuando, algo de café o zumo.

Tres días engullendo. Y notaba como su cuerpo se hinchaba poco a poco, su barriga estaba blanda y ya no se le notaban los huesos en las piernas. No era capaz de parar. Cerraba la cocina y se iba a la otra punta de la casa, pero volvía al cabo de diez minutos.

Lo preocupante no eran sólo las cantidades que comía, también el desorden con que lo hacía. Lo mismo desayunaba un filete y cenaba tostadas, o se levantaba de madrugada sólo para hacerse una sopa. No recordaba por qué había empezado a comer así, pero esperaba acordarse pronto para poder acabar con aquel circulo vicioso. O al menos para evitar llamar tener que llamar a Leo para pedirle ayuda.