Peter


- No es suficiente para ti, Peter. Tu eres tan bueno, eres inteligente, divertido,... eres hasta guapo. Y ella... no es que sea fea, tiene unos ojos preciosos y todo eso pero... ¡soy tan diferentes! Siempre tiene cara de susto, le da miedo la gente.
- Le da miedo la gente porque gente como tú la trata así. Y si soy tan bueno, inteligente, tan divertido,... si soy hasta guapo es por ella. Porque me hace feliz y yo quiero hacerla feliz. Y en el amor, que yo sepa, con eso ya llega.

Hebdomadaire

el regalo de françois, la sirenita, copenhague, malmö
café en parís, macarons, la teuf, mi bicicleta

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La Playa


Tenía frío. Allí, en medio de aquella playa inmensa, de arena blanca y suave. Las dunas se perdían en el horizonte, reflejando el calor y los rayos dorados de un gran Sol. El mar tocaba el cielo, y el agua era tan clara que no podías distinguirlos. Era como si el agua siguiera su camino hacia arriba, sin llegar a agotarse nunca, y pasase del color azul al violeta, tocando con la yema de los dedos toda la escala de tonalidades azules.
En aquella playa de ensueño, en aquel paraíso terrenal, Matilde estaba tiritando. No tiritaba porque tuviese frío. Tampoco temblaba de miedo. Se sentía vacía. Tiritaba porque en aquella inmensidad, en aquella enorme playa a la que se supone que había ido para calmarse, se sentía muy, muy sola, paralizada en la orilla.

Gula


Llevaba tres días comiendo. Tres días sin parar de comer, todo el tiempo entrando y saliendo de la cocina. Le valía todo: dulce o salado, cocinado o crudo, caliente y frío. También bebía un poco de vez en cuando, algo de café o zumo.

Tres días engullendo. Y notaba como su cuerpo se hinchaba poco a poco, su barriga estaba blanda y ya no se le notaban los huesos en las piernas. No era capaz de parar. Cerraba la cocina y se iba a la otra punta de la casa, pero volvía al cabo de diez minutos.

Lo preocupante no eran sólo las cantidades que comía, también el desorden con que lo hacía. Lo mismo desayunaba un filete y cenaba tostadas, o se levantaba de madrugada sólo para hacerse una sopa. No recordaba por qué había empezado a comer así, pero esperaba acordarse pronto para poder acabar con aquel circulo vicioso. O al menos para evitar llamar tener que llamar a Leo para pedirle ayuda.

Una siesta


– David, ¿ tu crees que algún día llegaremos a aburrirnos de la vida?
– ¿ A qué te refieres?
– Pues a que llegue un día, cuando seamos muy mayores, en que ya estemos aburridos de todo y no nos apetezca hacer nada. Siempre se me ocurre cuando voy por el parque y veo a la gente mayor sentada, sin hacer nada, mirando al infinito. ¿ Tu crees que nosotros seremos así?
– Nunca. No creo que puedas llegar a aburrirte de la vida. Lo que ocurre es que no hay tiempo para hacer todo lo que quieres, todo lo que te ofrece, y eso puede ser demasiado. Así que a veces puedes cansarte un poco. Puedes cansarte de la vida.
– ¿ Y qué hago para descansar?
– Echarte una siesta conmigo.