When it rains it pours


Cuando llueve, es difícil meter a Lilly en casa, porque sale de casa a empaparse en el jardín. Bueno, ultimamente se empapa menos, porque le ha cogido cariño al paraguas de Burberry de mamá (espera que se entere) y sale con el a chapotear.
La verdad es que es muy divertido verla entrar después, explicandote que cómo iba a mojarse si lleva un vestido del color de los chubasqueros, y que solo es "agüita"...
Aquella mañana, Madison Grace llegó un poco tarde al trabajo. Aparcó en la parte trasera del restaurante, se puso el abrigo y salio del coche. Una rafaga de viento frio le dio los buenos dias, y antes de que se diera cuenta tenía un pie metido en la nieve.

Al entrar, colgó el abrigo en la percha y se calzó rapidamente las deportivas. Entró en la cocina mientras terminaba de abrocharse el uniforme.

- Tarde otra vez , Grace- le recriminó el cocinero.

- Lo siento mucho, señor Cook. El coche se atasca cada vez más a menudo, y más con el frío que hace.- Se disculpó Madison, y cogió el bloc de notas para empezar a atender a los clientes.

- Pues venga andando, Grace, pero mis clientes no tienen la culpa- dijo, y grito a continuación-¡Lauren!¡El café para la mesa dos ya es un témpano!
Lauren se acerco corriendo, sonrio a Madison y cuando paso a su lado con la bandeja le dijo:
- Hoy está especialmente irritable.
Madison sonrió y se dirigió a la mesa donde estaba sentada un mujer, vestida con un enorme abrigo, que acababa de entar y se frotaba las manos.

- Buenos días, seño... ¿Savannah?¿Qué haces tu aqui?

El tejado


-¿Por qué te portas asi?

-Así, ¿cómo?

-Pues asi ..., haciendo el tonto. ¿Intentas llamar mi atención?

-¿Por qué querría yo llamar tu atención?

-No lo sé, por eso te pregunto

-Amm..., es que verás, Ceci, yo...mmm... creo que...

-¿Crees en la rapidez al hablar?

-No, jeje, yo...mmm... el caso es que te encuentro atractiva. Creo que... si, creo que eres interesante...

-Martin,¿ me estás tirando los tejos?

-No, Ceci, te estoy tirando el tejado entero.

Y Ceci se sonrojó.

El arroyo Pickarrow


Mi señora, quizás debería decir señorita (pues es tan sólo una joven de doce años) gusta de frecuentar las orillas del arrollo Pickarrow. Isobella Martins es una muchacha dulce y agradable, de muy buena familia ( yo siempre he trabajado con buenas familias), la cual posee varias mansiones por toda Inglaterra. Si bien a la mayoría de mujercitas que rondan su edad les gusta ir de boutique en boutique a mirar costosos tejidos para sus nuevos vestidos, y después lucirlos en bailes y convites, siendo dignas de admirar por los muchachos, Isobella no es así.

A ella le gusta sentarse bajo la sombra de un buen árbol, y disfrutar de una plácida lectura con el murmullo de la aguas de fondo. Después, cuando termina los tres capitulos que se marca como meta, se descalza los escarpines y se saca,cuidadosamente y sin mostrar nada vergonzoso, las medias. Las dobla cuidadosamente y las mete en el libro, que queda abultado. Éste lo posa a su vez delicadamennte sobre los escarpines y, haciendo equilibrios con la montañita, me los trae y me los deja cerca.

Me dice " Querida, voy a dar un breve paseo, porque ¿acaso no tiene hoy la orilla un aspecto delicioso?". Dicho esto, se va hasta donde anchean las aguas, a conversar con los pescadores y jugar con los chiquillos ( aqui muestra la muchacha cuan humilde es).

Cuando vuelve, lo hace contenta, y después de secarse los pies, y vestida para volver a la casa, me recuerda siempre, como si fuera la primera vez " Pero, querida Elma, no se lo digáis a mamá. ¡Se disgustaría de sobremanera si descubre que no voy de tiendas!"

Y así, volvemos en silencio por el sendero

Martine


Siempre llego tarde a clase, pero como la puerta está detras los profesores no se dan cuenta. Entro, deslizo la mochila por el suelo y me siento en la última fila, muy cerca de Martine.

Martine es la chica más guapa del curso, al menos para mí. Siempre está tomando apuntes, y a veces, cuando se concentra especialmente, coge un mechón dorado de su coleta y empieza a enrollarlo. Cuando lo suelta, de golpe, se convierte en un hermoso tirabuzón. En dias de mucha concentración, su pelo se llena de tirabuzones.

Es la única persona que se da cuenta de que llego tarde. Cuando entro, gira la cabeza y me susurra " no, no, no, Fred". Luego, sonríe pícaramente. Ese gesto me vuelve loco.

Toda su ropa le queda muy holgada, especialmente sus calcetines, por eso es habitual que, cuando hablas con ella, los suba despreocupadamente. No es una chica presumida, como Sandrine Fontaine o Isadore Blass, y tampoco le hace falta, porque tiene encanto natural y una sonrisa que no necesita decorar con maquillaje.

Para mí es, en fin, perfecta.